
Estoy seguro de que Jane y yo debimos conocernos en otra vida. No sé si fuimos amigos, hermanos o pareja, pero estoy seguro de que coincidimos y nos llevábamos muy bien. ¿Cómo si no podría explicar la atracción que siento por ella? Cada vez que leo su nombre o alguien habla de ella me emociono, se me eriza el vello y se me saltan las lágrimas (como me está ocurriendo mientras escribo estas líneas). Dos damas muy serias es uno de los libros que marcó mi juventud. Su atmósfera turbia y sorprendente todavía me desconcierta, me sobrecoge y me fascina.
Su única obra de teatro, In the summer house, está a la altura de cualquiera de las grandes obras de su admirador Tennessee Williams. Sin embargo, el poco éxito que obtuvo en Broadway la sumió en una crisis creativa de la que nunca llegó a recuperarse. Aunque ella nunca lo quiso así, la mítica frase de Panero podía haber sido su motto: “el fracaso es la más resplandeciente victoria”. Estaba terminando su segunda novela, En el mundo exterior, cuando sufrió un ataque de apoplejía que dejó mermadas sus capacidades intelectuales. Como curiosidad, sólo basta añadir que Jane rechazó a James Dean para el papel masculino de esta obra: "era demasiado normal, carecía de la dosis necesaria de angustia", escribe Paul a propósito.
Cabeza de gardenia, como la apodó su gran amigo Truman Capote, fue una escritora diferente y una mujer adelantada a su época, incluso hoy en día lo seguiría siendo. Espíritu libre y atormentado, Jane se paseó durante sus últimos años en Tánger de la mano de su amante y criada Cherifa, a quien costeó todos los gastos y regaló sus mejores pertenencias. Sin rendir cuentas a nadie, como las heroínas de sus obras, Jane rompió con todos los tabúes de su época. En las páginas de su escasa obra nos dejó su testamento personal:
“(…) Sabía que no iba a ser feliz porque únicamente los sueños de los locos se convierten en realidad. Sabía que únicamente le interesaba reproducir de nuevo su sueño, pero conseguirlo significaba necesariamente convertirse en víctima absoluta de una pesadilla.”
Se me hace un nudo en el estómago cada vez que releo los desgarradores diálogos de esta chalada pero genial escritora. Esta cita, extraída de Dos damas muy serias, encierra la angustia y el terror de esos personajes vulnerables que no dejan de ser una proyección de ella misma.
Jane, estoy convencido de que nos volveremos a ver.




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