
TOC son las siglas de Trastorno Obsesivo Compulsivo, que como su propio nombre indica, es un trastorno que pertenece a los desordenes mentales provocados por la ansiedad. El toc se puede presentar en forma de pensamientos, imágenes, ideas, impulsos o conductas cotidianas repetitivas. No hay que alarmarse a menos que la realización de estas compulsiones ocupen más de una hora diaria o que interfiera notablemente en las relaciones sociales. En ese caso se debería acudir directamente al psiquiatra porque puede derivar en un problema mucho más serio.
Estas anormalidades vienen provocadas por los mensajeros del cerebro: los neurotransmisores. En concreto afecta a la serotonina, un neurotransmisor que ayuda a regular la disposición de ánimo, la agresión y la impulsividad. También es el encargado de mandar la información de una neurona a otra, proceso que se ralentiza en las personas con TOC.
Yo he tenido compulsiones desde pequeño pero, ya fuese por vergüenza o culpabilidad, las sufrí en silencio. La película Mejor imposible fue, para muchos, una especie de catarsis cómica al identificarnos y reirnos con Jack Nicholson. A día de hoy todavía tengo algunos síntomas pero que pertenecen al campo de la supestición y el ritual: sigo limpiándome pies en el felpudo de casa dos veces antes de salir o encender y apagar la luz de la habitación cuando llego a casa después del trabajo.
Hay tantos tocs como colores y locuras, sin embargo ya se han registrado algunos de los más comunes como volver a casa para comprobar que no te has dejado la plancha encendida, que has cerrado la puerta, pensar que a algún ser querido le va a pasar algo malo, lavarse las manos cada vez que tocas algo, no pisar las líneas, miedo a los gérmenes, orden estricto y simétrico, repetir palabras en silencio, cerrar la puerta dos veces...
Dicho esto, quien esté libre de algún toc que tire la primera piedra.
