
El Nasti se encuentra en apuros. Y emocionalmente me veo en la obligación de contribuir a la difusión de tamaña injusticia. Desde hace cosa de un mes están sufriendo sistemáticamente los ataques y presiones policiales que les obligan a cerrar la sala a la temprana hora de las tres y media, en lugar de a las cinco y media o seis como venían haciendo desde los tiempos de la Sala Maravillas hace más de catorce años. Al parecer han cambiado las licencias. Pero todo así, de repente, de un día para otro y sin notificaciones previas por parte de la concejalía correspondiente del Ayuntamiento de Madrid. O sea, que la cosa huele muy mal, a intereses oscuros, y no quiero apuntar ni a Cibeles, ni a la Puerta del Sol, ni a Coslada. Pero todo es raro, muy raro. A Pablo y Chema, que de sobra saben que no están solos, les quiero expresar mi apoyo total en esta situación tan inverosímil por la que están pasando.
Son muchas las experiencias y vivencias que me unen al Nasti (y al Barbarella, bien sur), que hacen que este ya legendario antro oscuro y caluroso forme parte de mi pasado más reciente como persona. Desembarqué en Madrid con una inútil licenciatura en hispánicas bajo el brazo y preparado para continuar mi formación con un doctorado en literatura comparada. Sin embargo, a los dos meses ya había cambiado la Complutense por el Nasti y el doctorado por la barra donde estuve trabajando de camarero casi dos años. Allí me trataron siempre de maravilla e hicieron mi aterrizaje en la capital mucho más cómodo y placentero. En esas noches locas, entre conciertos de grupazos internacionales y sesiones míticas, conocí a gran parte de mis amigos y viejos conocidos: la genuina Silvia Munich, la carismática Laura Peseta y la ex-tupenda María Rodríguez (con las que compartí barra), la ingeniosa Laura Torera,la arrolladora Estela Aparisi, el dicharachero Jaime Sevilla, los dj´s queridos (Alberto Rahim y su circo, Rubén Soft, La Presidente, Psychocandy, Emil, Eloy Leolento), los seductores Edu y Marta, la incombustible Eva Roques, Natalia Ferviú on the rocks, la espléndida Teresa Levis, las chispeantes gallegas (Paloma Tovar, Carmen Pon, Iria Corredeira e Irene Prada), la original Araceli, el olvidado Zíclope, el genial Roberto Uke, el socialite Nono Vázquez, el fashionista Lucas Arraut y su corte, el entertainer Fernando Millón, el confuso Lolo Gssh Gssh, el soñoliento Nacho Vegas, el ocurrente César Estaviel, el flemático Daniel Fletcher, la singular Jimena, el voluptuoso Miguel Ovelar, los incondicionales Merienda Cena (Ana, Luciano y Jorge), Tono el saltarín, la encantadora Neus, el warholinao Adrián González, los fotogénicos Ramiro E y Elena Grimaldi, el diseñador Rubén Gómez, los Migala, el enfant terrible Ferrán, el camaleónico Norman B, el imprescindible Manu, el atento Carlos Moral, las locuaces América y Lucía, todo su staff y ,por supuesto, esos dos grandes señores que son Chema y Pablo. A todos vosotros, y como cantaba Lina Morgán, vieja asidua del Nasti, agradecida y emocionada solamente puedo decir, gracias por venir.
Y aunque tiempos pasados siempre fueron mejores, el Nasti sigue siendo la sala más emblemática de la noche madrileña y el único club donde se puede escuchar música con personalidad. Con este atropello público a la diversión y a la música, que es lo que importa, es la ciudad de Madrid la que sale perdiendo. Pero que se anden con cuidado las autoridades pertinentes, que esto es una guerra y en el Nasti siempre hemos sido muy extremistas y fanáticos por lo que alguno habrá dispuesto a inmolarse contra el número 33 de San Vicente Ferrer si no se soluciona el problema. Bajo el lema de Nasti Free y con banda sonora de los Punsetes y su Dos policías (en la puerta del Nasti) este miércoles 14 de mayo a las nueve tendrá lugar un concierto protesta para apoyar a sus responsables y expresar el malestar contra este lío macareno que ya dura más de lo deseado. Ahí estaremos esperando con nuestras mejores armas, es decir, con la música en directo.
El Nasti, como el Barça, es más que un club.


